¡Le estoy
permitiendo a la vida negarme sus placeres!, exclamé. La dama me correspondió
acomodándose el cabello a un lado; yo estaba perturbado por su sonrisa. Las proporciones de sus labios reflejaban
su voracidad al besar; me lo demostró. Caminamos juntos de la mano; después,
experimenté la gloria de vivir y morir al mismo tiempo, cuando irremediablemente
enloquecido me perdí en la profundidad de sus pupilas dilatadas.
Tanguillo de la niña de la Alpujarra......Antonio Sensada Bautista
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*¡Feliz Diada de Sant Jordi y Día Internacional del Libro para tod@s!*
Foto: *Emilio Beauchy Cano*, *Lavanderas del Corral del Conde de Sevilla*
(1900) A...
1 settimana fa

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