Visualizzazione post con etichetta Arrullo. Mostra tutti i post
Visualizzazione post con etichetta Arrullo. Mostra tutti i post

domenica 22 luglio 2012

Letargo

Rodeado de algunas palomas, en medio de la acera, entre el poste de alta tensión, la pared improvisada con sillares y un montículo de basura, adormitaba un hombre con sus brazos extendidos. Su rostro entumecido y brilloso, iluminado directamente por el sol, ostentaba su complacencia. Al mismo tiempo, un ensordecedor sonido proveniente del claxon de la compactadora de residuos, irrumpió en la calle; bajaron hombres vestidos con túnicas verdes, cubiertos con mascarillas, provistos de escobas y recogedores.
Las aves agrupadas en el sitio, ocupado antes por los desechos, se disputaban las migas restantes. El hombre permanecía inmóvil; apenas se percibía su respiración; sin embargo, abrió los ojos al oír el arrullo de una de las aves; se sentó precipitado y tosió bruscamente. Todas las plumíferas aguardaban en silencio, no daban ni un solo paso.
Sin embargo, un crujiente sonido las inquietó; el sujeto con el pan aún en su boca, decidió guardarlo en su bolsillo; pero, al ser rodeado por las palomas, lo extrajo de nuevo. Una de ellas revoloteaba insistente sobre su regazo y consiguió arrebatarle una miga que devoró en el acto; acechaba nuevamente, extendía sus garras una y otra vez; el individuo sacudía sus manos con violencia; enfurecido, atrapó a su contendiente con ambas manos, dejando caer su pan; y, mientras se liberaba una disputa por el alimento entre las demás aves, empezaba a estrangularla. Ella movía sus patas y batía fuertemente sus alas; en su desesperado intento había perdido varias plumas; todo había sido en vano. Jadeante, con el pico entreabierto, defecó en los pantalones del sujeto; quedando finalmente inmovilizada.
El hombre sollozó; extendió sus manos, la liberó y se desgarró incontenible en lágrimas, mientras ella permanecía desfalleciente junto a él, en la vereda.

sabato 25 settembre 2010

Arrebato

Junto a un árbol del jardín de la facultad de Economía, contiguo a las bancas de madera que utilizan para sentarse a conversar, comer o simplemente para darse un respiro, se encontraba un estudiante sentado en el césped. Por su aspecto, se podría decir que estaba vestido para dar una exposición, habitual para los universitarios.
Las bancas alrededor de una plantación de rosas estaban desocupadas; pero, él ya había optado por no ocupar ninguna. Tenía en su regazo un portafolio sobre el cual revisaba y enumeraba algunos papeles; manteniéndose ocupado casi toda la mañana.
El ruido provocado en los pasadizos del edificio por la aglomeración de estudiantes al salir de las aulas, hizo que se detuviera un instante; dejó el bolígrafo sobre las hojas, miró su reloj, estiró los brazos hacia arriba, se acomodó el nudo de la corbata; en seguida retomó los papeles y prosiguió con las dos últimas hojas que tenía apartadas entre su pulgar e índice izquierdos. Después, guardó el bolígrafo y los papeles en el portafolio; se puso de pie, se sacudió el traje; y, antes de caminar, cayó bruscamente.
El estudiante permaneció de bruces contra el césped hasta el atardecer; luego de haberse puesto el sol, movió lentamente sus manos, se desplazó hacia un lado y se echó boca arriba; al mismo tiempo, sus lágrimas se deslizaban hacia sus oídos.

mercoledì 16 giugno 2010

Despojo

Es habitual ver palomas en espacios mayormente abiertos; y la Plaza Mayor es uno de los lugares que posiblemente prefieren más. Se precipitan para conseguir alimento; no importan las caricias o las patadas de los niños que, emocionados con la naturaleza, piden más comida para preservar el mayor número posible de las encantadoras aves a su alrededor; es ambición de cada niño que visita la plaza.
Cualquier otro sitio también es bueno para encontrar alimento; es posible hallar migas o granos en la calle. Pues, no siempre es suficiente la generosidad de los niños.
Entre las calles Santa Catalina y Ugarte, precisamente frente al Monasterio de Santa Catalina, una paloma revolotea insistentemente sobre un trozo de pan seco al borde de la acera, mientras un grupo de turistas se dispone a visitar el convento. Los transeúntes ignoran la ardua batalla que mantiene la veterana ave con su duro alimento y los vehículos pasan a toda velocidad; no hay fastidiosas caricias ni tiernas patadas; pero el trozo de pan seco se rehúsa a las ansias de su depredadora; por lo que, después de tomar un breve descanso, la voraz ave, agitando nuevamente sus alas, se precipita furiosa sobre su presa y arremete varias veces con su pico; sin lograr nada.
Luego de una intensa batalla en la vereda, el trozo de pan es derribado hacia el abismo; donde inevitablemente será triturado por las ruedas de algún automóvil.
La victoria es definitiva cuando un taxi arrolla al pan, dejándolo molido; más exquisito que antes. Pero, a medida que pasan los vehículos, sin darle tiempo a nuestra vencedora ave de tomar lo que le corresponde, el pan molido se va dispersando entre los neumáticos, hasta desaparecer por completo.